viernes, 8 de abril de 2011

El libro que NO fue: Vacaciones con Newton


INTRODUCCION:

De un tiempo a esta parte, las biografías han resultado una inquietud importante para mí. Si realmente la humanidad aprende a partir de su errático actuar, si “equivocarse y corregir el rumbo” es un camino válido de crecimiento, si nuestra propia vida es demasiado corta para lograr un nivel digno de sabiduría, entonces aprender de la experiencia ajena resulta ser un acto reflejo inteligente y del más puro sentido común. ¿Por qué privarnos de hacerlo de la vida de grandes “protagonistas de la historia” humana?

Con este pensamiento en mente anduve largo tiempo en mi vida, hasta chocar con la primera biografía que compré sin dudar (obviamente por la talla de su protagonista): “Isaac Newton: una vida” por Richard S. Westfall. Y sobre esta biografía, parte integrante de la Biblioteca ABC sobre “Protagonistas de la historia” (premiada en 1983 con el Pfizer otorgado por la Sociedad de Historia y Ciencia), es que rescato los fragmentos que comento en estas líneas.

Isaac Newton nació en la Navidad de 1942. Su papá murió antes de que él naciera y su mamá, que volvió a casarse 3 años después, lo dejó en la casa de sus abuelos tras marcharse con su nuevo marido. Si bien la familia contaba con una fortuna pequeña pero superior a la media, su mamá no le permitiría gozar prácticamente de ninguno de los privilegios que la misma podía brindarle.

Conozco personas que nunca hubiese podido superar esta situación y otras a las que estos primeros años de vida le hubiesen resultado una excelente explicación de los fracasos sufridos. Encontré una sola referencia en el libro acerca de cómo esta situación desventajosa influyó sobre la vida de Newton (al perseguir falsificadores como Director de la Casa de la Moneda -cuando tenía 54 años-, se lo señala expresando “su agresividad reprimida” como una forma de “vengarse indirectamente de su padrastro”). Creo que resulta anecdótico, principalmente teniendo en cuenta la edad de Newton pero también porque creo que las grandes personas NO se detienen a lamentarse por lo que les falta (ó por lo que “no fue”), simplemente avanzan con lo que tienen en pos de lo que desean. Veremos, más adelante, ejemplos de cómo la pasión que enciende ese deseo suele ser el elemento mágico que extermina toda carencia.

Lo cierto es que resulta agotador ir en busca de algo partiendo de lo que no tenemos. Acaso podemos permitirnos iniciar el camino hacia ese logro que deseamos con ansias pensando en lo que nos falta? Es cierto que podemos ir “en busca” de algo a partir de una carencia que sufrimos y de la que queremos “escapar”, así como podemos convertir en “virtud” un “defecto”, pero siempre buscando en nuestra caja de herramientas y eligiendo qué herramienta de la que tenemos usaremos (no pudiendo elegir entre las que no están). Podemos construir una “virtud” que NO tenemos a partir de una o más virtudes que SÍ tenemos, pero no creo que (aún cuando la suerte medie) podamos construir CON lo que nos falta, CON lo que no está ó CON lo que está ausente.




DESENLACE:

El idealismo con el que inicié mis reflexiones sobre Newton chocó sin aviso (ni airbags) contra la realidad del hombre que hay detrás de todo protagonista. Los honores, las lores, los elogios por sus genialidades encandilan e ilusionan pero adentrarse en la vida de un hombre es, en definitiva, mirar detrás de esos velos de grandeza. Supongo que cualquier biografía solamente es exitosa si nos muestra eso… al hombre, con sus más excelsas virtudes pero también sus miserias y debilidades (y la biografía que leí está a la altura).

La privilegiada mente científica de Newton no logró ser la excepción y, al leer su biografía, lo que inspira admiración se alterna con la sombría sorpresa de un ser que estuvo varios pasos más allá del mejor de los mortales pero no pudo superar rencores, obstinaciones ni intolerancias.

Obviamente no conocí a Newton, pero conocí a varias personalidades fuertes y brillantes, tenaces e incansables a la hora de conseguir lo que se proponían. Compartían este aspecto de intolerancia. Parece venir acompañado de la obsesión por superarse y la enorme frustración que representa para ellos un fracaso. En el mejor de los casos, el rencor puede moderarse pero jamás llegará a un perdón que requiera “borrón y cuenta nueva”. Son personas que (como Newton) entienden el logro solo a través del esfuerzo (“pensando en ellos constantemente”) y no admiten que otros recorran otro camino.

Newton no pudo manejar su espíritu voraz ni su impronta de genio tenaz. Su biografía señala, por ejemplo: “aún en el caso de que pudiera probarse sin sombra de duda que Newton fue el mayor proxeneta de Londres, la enormidad de su influencia sobre la moderna intelectualidad permanecería inalterada. A mi entender al menos, el reconocimiento de su complejidad como hombre ayuda a comprender el precio que su genio imponía. Me resulta difícil conciliar los Principia con un santo de escayola.”

O, por ejemplo, al leer lo que Newton hizo con Flamsteed (a quien responsabiliza “por el fracaso de su teoría lunar”) no es, al menos, propio de una persona a quien imaginamos genial. Para una mejor idea de este conflicto, vale esta descripción de los efectos colaterales: “Newton presionó con éxito en su intento de privar al mundo, sin ninguna necesidad, de las observaciones y del catálogo correspondiente, que permanecieron inéditos por espacio de otros veinte años.” Y para redondear la idea: “La publicación de la Historia coelestis fue el episodio más desagradable de la vida de Newton. Tuvo gran importancia tanto por la luz que arroja sobre su carácter como por lo que revela de sus relaciones con la comunidad científica británica. En cuanto a Newton, la impaciencia frente a la contradicción, que ya se había manifestado en su juventud, en su presteza a desechar las precauciones y sus ganas de desafiar a las autoridades del momento… en su vejez se habían vuelto una tiránica voluntad de dominar a quien fuese, un molesto rasgo de su personalidad que no podemos ignorar.”

A estos fragmentos de su biografía podríamos agregar la ambición de emperador que pretendió darle a la Royal Society durante su presidencia (ordenes: “1. Que nadie tomara asiento en la mesa excepto el presidente en la cabecera y los dos secretarios, una a cada lado del extremo opuesto… 3. Que ninguna persona hablara con otra u otras durante las sesiones plenarias… y que deberá dirigirse antes al presidente… En algún momento Newton también introdujo la práctica de que el mazo fuese colocado en la mesa solo cuando el presidente estuviera presente…”

Y solo comentemos sus coléricos embates contra Leibniz por el cálculo diferencial, cuando “fueron de hecho un reproche contra su propia actuación de años antes, cuando había preferido guardar bajo llave semejante joya [los cálculos por los que acusaba a Leibniz de plagio, ya que él los había inventado 10 años antes]”. “Leibniz se quedó boquiabierto, asombrado, al descubrir que el autor de los Principia y de la Optica era un toro salvaje, cuyo único recurso era bajar la cabeza y cargar contra el que se le pusiera por delante…”

Al igual que Liebniz, quedo boquiabierto al descubrir el hombre detrás del científico genio. Las pasiones suelen despertarse ampliadas (exacerbadas) en estos geniales temperamentos. Algunos de nosotros, los “tibios” (como diría algún conocido mío), nos hemos visto obligados por la vida más de una vez a no ser tan temperamentales a fin de no perder algo o simplemente por nuestra tendencia a evitar el conflicto.

En otro orden de cosas: “en público, Newton prefirió disimular su heterodoxia [religiosa]. Consintió en ser nombrado coadministrador del Golden Square Tabernacle, una capilla fundada por el arzobispo Tenison…” así como su relación con Fatio (filósofo con el que mantuvo “el principal foco de atención durante cuatro años”) y sus estudios en alquimia.

No logro evitar mi “idealismo” y me saco el sombrero (me pongo de pié y aplaudo) frente a estos hombres que, además de inteligentes, han demostrado ser primordialmente prácticos. Moviéndose de manera intransigente frente a ciertas situaciones (al punto de aniquilar sin piedad a quien consideren su adversario, con o sin fundamentos para considerarlos adversarios e independientemente de si resulte justo o injusto aniquilarlos), siendo maleables en algunas otras (evitando el ‘sincericidio’ de motrarse tal cual son en su vida íntima) y destacando en la memoria colectiva por sus enormes e incuestionables aportes. Sé que en los años 1640-1730 no existían los asesores de imagen pero sin duda ha habido muy buenos precursores…

Newton, un hombre sobre el que empecé queriendo hacer relato exaltador y termino (al menos por ahora) congelado por su faceta más humana. Y aún cuando coincido en que su mente “dio a la humanidad más que ninguna otra hasta la fecha” y es innegable que fue “responsable del más extraordinario, si no el más trascendental, descubrimiento de cuantos jamás se habían hecho en torno al funcionamiento de la naturaleza”, no puedo dejar de mirarlo como hombre. Creo que es porque mirando al hombre salgo del idealismo y veo pasiones similares a las de muchos que conozco personalmente, incluyéndome…

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