sábado, 25 de junio de 2011

Un destino soñado no se logra calculando...

El exceso de información marea...
La necesidad de control se va transformando en obsesión... Controlar el exceso de información se parece al juego de trepar un palo enjabonado... es pretender abarcar lo inabarcable...
Me dicen que intuición y auto-confianza definirán mi próxima etapa... Como si fuese un jugador de fútbol recién retirado, enfrento en estos días ciertos interrogantes sobre mi futuro profesional... trato de recordar que lo único válido e importante es este segundo de tiempo presente...
Una etapa se ha terminado ó debería decir ¿una etapa se ha terminado? A veces no tengo dudas, a veces no me queda lugar para más dudas (las tengo todas, no entra ni una más). Hacer lo que venía haciendo me llevará a un lugar al que no quiero ir. Hacer algo diferente (no tengo claro qué) me llevará a un lugar que tampoco conozco...
Tanto tiempo sin este tipo de incertidumbre evidentemente me adormeció las neuronas y los instintos que se usan en estos casos...
Para quién no sabe dónde va, cualquier camino da igual... WARNING!
En mi sistema de ecuaciones (ver post "La Ecuación de la vida...") algo cambió. Una variable bajó y otra subió, o varias bajaron y varias subieron... mis valores ya no son los mismos... las infinitas soluciones cambiaron...
Complejidad/Responsabilidad adicional: ahora mis ecuaciones no son solamente mías... entran en el sistema de ecuaciones de otras personas!! (las de mis hijos, por ejemplo...).
Steven Covey invita al lector a visualizarse en su propio velatorio imaginando qué le gustaría que los presentes estén diciendo de él en ese momento... Lindo ejercicio para construir un destino...
A la pregunta "¿qué ha sido lo más importante en su vida?", hecha entre ejecutivos exitosos (materialmente ricos y socialmente poderosos) con enfermedades terminales avanzadas la respuesta más recibida fue "haber sido una buena persona"...
Me encuentro aquí, a días de un nuevo cumpleaños, con una pila de logros y un nuevo destino (o uno diferente al que me había imaginado... y que sentía ya bastante cierto). Un "subirse al cuerpo para recomenzar"!! Se hace duro convivir con la ansiedad que esto genera... pero a la vez reconozco una oportunidad...
Otra vez el exceso (esta vez de alternativas) me abruma... cada alternativa requiere compromisos y genera consecuencias... y la práctica de la prudencia (capacidad de analizar y comprobar información, antes de tomar una decisión, evaluando sus consecuencias) me ha puesto más analítico de lo habitual...  estar presente en el "ahora" actuando con prudencia... AGOTADOR!! y de repente... BLINK! pensar en BLINK! "The power of thinking without thinking" (El poder de razonar sin pensar!!).
No imagino llegar a un destino soñado haciendo cálculos, proyecciones y especulaciones sobre el futuro... esta vez, mi mente de maldito contador deberá quedar en segunda fila esperando a que se la llame cuando se la considere de utilidad...

sábado, 18 de junio de 2011

La responsabilidad a la altura de los talentos

Al pensar en las cosas lindas que nos han tocado en suerte (partiendo de lo más elemental como, por ejemplo, estar sanos) me pregunto si mi gratitud es suficiente y cómo debería agradecer...
Esperando en la caja del supermercado, delante mío, se encuentra una señora con algunas dificultades motrices. Sale delante mío y empiezo a pasar mis cosas por la caja. Embolsan, pago y salgo del super. A los pocos metros (muy pocos) alcanzo a la señora. Cuando paso por su lado, pienso en el esfuerzo que representaría para mí hacer las compras en esa condición. Lo pienso sin lástima. Solamente cuestiono mi fortaleza, talvez de puro egoísta (como persona que no logra pensar más que en sí mismo), no pienso demasiado en la señora. Solo en mí...
Una amiga decía que Dios le da a cada uno la cruz que puede llevar. Recordar esa frase y pensar en el confort en que vivo, me hace pensar en lo debilucho que me ve Dios...
Siempre creí (aún lo creo) que la mejor forma de agradecer es actuando responsablemente de acuerdo a la situación en que nos encontramos. La parábola de los talentos es la vara que uso para medirme. No la recuerdo perfectamente (y no la quiero googlear ahora) pero cuenta la historia de un señor que le dió 1 talento (moneda de aquella época) a uno de sus siervos, 2 a otro y 3 a otro. Se fue de viaje y al regresar le pidió una rendición de cuentas a cada uno. Uno los había gastado, otro los había enterrado y el otro los había multiplicado. Recuerdo mi sorpresa al ver que el señor se enojaba con quien le estaba devolviendo los mismos talentos que había recibido (aquel que los había enterrado). Era obvio que se enojaría con quien los mal gastó (siempre suponiendo que los MALgastó irresponsablemente) y que se pondría contento con el que los hizo crecer pero también el que devolvía lo recibido era reprendido como un irresponsable!!
Esta parábola me hace pensar que multiplicar los talentos que hemos recibido es la mejor forma de agradecer. Hacer lo necesario para que crezcan en vez de usarlos egoístamente o simplemente guardarlos (enterrarlos) es la única opción válida.
Nunca sé si estoy haciendo lo suficiente... cómo saberlo? Si tampoco puedo diferenciar entre el talento que me fue dado y el que yo mismo he generado... Nací generoso o me hice a partir de la experiencia? Cómo saberlo... No parece haber respuesta cierta en esta vida... No queda otra que dar lo máximo de nosotros mismos para poder tener mejores alternativas al momento de la rendición de cuentas (si es que ese momento existe...).
Recuerdo un viejo amigo judío que me decía: "en tu religión Dios es misericordioso, vos te arrepentís y te perdona, en la mía NO lo sé". Y esto complica más mi situación... Existe la rendición de cuentas? Quién vendrá a pedirla? El misericordioso de la religión católica? Más y más dudas...
Pero a pesar de todo, no cambia mi creencia... dar lo máximo de nosotros mismos es la mejor forma de agradecer los talentos recibidos. O, en otras palabras: nuestra responsabilidad está a la altura de nuestros talentos, y eso implica: no mirar para otro lado, no hacer menos de lo que sabemos que podemos y, en definitiva, no defraudarnos a nosotros mismos.

martes, 14 de junio de 2011

Sobre el éxito y el fracaso

Ojalá el éxito no sea binario y tenga matices. Me ayudaría a superar la adicción al perfeccionismo que sufro desde que tengo memoria. Después de todo, si es verdad que "todo es para bien", el fracaso no existe como tal. Mi experiencia lo respalda: tengo varias malas experiencias que me han brindado excelentes aprendizajes.
Si la perfección es un ideal que no existe en la realidad, el fracaso también es una idea que solo sirve como concepto. Perdón por la reiteración, pero a alguien como yo -que padece la enfermedad del perfeccionismo- saber que el fracaso no existe es liberador.
Pero si no existe el fracaso, tampoco existe el éxito. Y aquí, aunque no sea un terreno que prefiera, entramos en el campo de las creencias personales y de las decisiones individuales. ¿Es el éxito una cuestión de actitud, como dice Fito?
"Reirse del fracaso y del oro... No tener nada o tenerlo todo"
No recuerdo haber tenido una vida simple y llana. Nada ha sido negro o blanco, ha llegado al gris oscuro intenso y a un crudo muy claro. Incluso solo en contadas ocasiones estuvo en esos extremos... La mayor parte del tiempo ha fluctuado en la paleta de los grises, de un lado al otro, como riéndose de mí cada vez que algo iba tan derecho y firme que me sentía predestinado a "ser" algo... Esta característica "permanente" de mi vida me ha hecho concluir que no hay "molde" para mí, no hay "modelo" que me represente. Quienes me conocen posiblemente compartan... he sido un adolescente rabiosamente rebelde e indisciplinado, pero terriblemente cumplidor y aplicado. Violento de buen corazón. Anti-sistema antes, ejecutivo después, aprendiz de empresario ahora. Prolijamente desprolijo dice mi psicóloga. Inocentemente desconfiado y mal pensado. Artísticamente matemático y economista sentimental. Frente a una sociedad que encasilla, soy un bicho raro o una figurita difícil (dependiendo del observador).
José Ingeniero hablaba del "hombre mediocre" como aquel que "no tiene voz, sino eco". Talvez mi lucha contra los moldes tenga un sentido. Ojalá mi voz se escuche, llegue.
Si llega a algunos será un éxito o si no llega a todos será un fracaso? Creo que esta pregunta expone lo intrascendente de pensar en términos de éxito o fracaso. Si lo importante es lo que se dice y no a cuántos les llega el mensaje!! Si lo importante es dejar un mundo mejor que el que recibimos y no vivir para morir con el ego más lindo y más grande.