Al pensar en las cosas lindas que nos han tocado en suerte (partiendo de lo más elemental como, por ejemplo, estar sanos) me pregunto si mi gratitud es suficiente y cómo debería agradecer...
Esperando en la caja del supermercado, delante mío, se encuentra una señora con algunas dificultades motrices. Sale delante mío y empiezo a pasar mis cosas por la caja. Embolsan, pago y salgo del super. A los pocos metros (muy pocos) alcanzo a la señora. Cuando paso por su lado, pienso en el esfuerzo que representaría para mí hacer las compras en esa condición. Lo pienso sin lástima. Solamente cuestiono mi fortaleza, talvez de puro egoísta (como persona que no logra pensar más que en sí mismo), no pienso demasiado en la señora. Solo en mí...
Una amiga decía que Dios le da a cada uno la cruz que puede llevar. Recordar esa frase y pensar en el confort en que vivo, me hace pensar en lo debilucho que me ve Dios...
Siempre creí (aún lo creo) que la mejor forma de agradecer es actuando responsablemente de acuerdo a la situación en que nos encontramos. La parábola de los talentos es la vara que uso para medirme. No la recuerdo perfectamente (y no la quiero googlear ahora) pero cuenta la historia de un señor que le dió 1 talento (moneda de aquella época) a uno de sus siervos, 2 a otro y 3 a otro. Se fue de viaje y al regresar le pidió una rendición de cuentas a cada uno. Uno los había gastado, otro los había enterrado y el otro los había multiplicado. Recuerdo mi sorpresa al ver que el señor se enojaba con quien le estaba devolviendo los mismos talentos que había recibido (aquel que los había enterrado). Era obvio que se enojaría con quien los mal gastó (siempre suponiendo que los MALgastó irresponsablemente) y que se pondría contento con el que los hizo crecer pero también el que devolvía lo recibido era reprendido como un irresponsable!!
Esta parábola me hace pensar que multiplicar los talentos que hemos recibido es la mejor forma de agradecer. Hacer lo necesario para que crezcan en vez de usarlos egoístamente o simplemente guardarlos (enterrarlos) es la única opción válida.
Nunca sé si estoy haciendo lo suficiente... cómo saberlo? Si tampoco puedo diferenciar entre el talento que me fue dado y el que yo mismo he generado... Nací generoso o me hice a partir de la experiencia? Cómo saberlo... No parece haber respuesta cierta en esta vida... No queda otra que dar lo máximo de nosotros mismos para poder tener mejores alternativas al momento de la rendición de cuentas (si es que ese momento existe...).
Recuerdo un viejo amigo judío que me decía: "en tu religión Dios es misericordioso, vos te arrepentís y te perdona, en la mía NO lo sé". Y esto complica más mi situación... Existe la rendición de cuentas? Quién vendrá a pedirla? El misericordioso de la religión católica? Más y más dudas...
Pero a pesar de todo, no cambia mi creencia... dar lo máximo de nosotros mismos es la mejor forma de agradecer los talentos recibidos. O, en otras palabras: nuestra responsabilidad está a la altura de nuestros talentos, y eso implica: no mirar para otro lado, no hacer menos de lo que sabemos que podemos y, en definitiva, no defraudarnos a nosotros mismos.
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