lunes, 7 de enero de 2013

Crecer de GRANDE!

LA CONFIANZA EN NOSOTROS MISMOS NOS HACE GENEROSOS



Mis padres hicieron de mí lo mejor que pudieron, lo mejor que les salió. Estoy seguro que pusieron todo el empeño por hacerme crecer bien, dándome buenos ejemplos y tratando de que me faltara lo menos posible. No tengo más que palabras de agradecimientos hacia ellos. Los amo, los respeto, los admiro y trato de demostrárselo en todo momento. Fueron buenos padres, buenas personas, en un mundo injusto, hostil, difícil.

Sin embargo, aún cuando quisieron brindarme lo mejor, le erraron feo en algo: darme confianza. No pudieron, seguramente porque no supieron (como no lo sé hoy yo con absoluta certeza si me pongo a pensar en cómo hacerlo con mis hijos) construir en mí una autoestima sólida, un nivel de confianza mínimo como para afrontar el mundo.
Un mundo al que salí antes de tiempo, seguramente antes de lo que ellos se esperaban, por precoz e inquieto, y que fue duro conmigo. Por mi “enfermedad” de piel, por mi situación socio-económica. Por suerte también fue generoso en otros sentidos y siempre me rodeó de gente muy buena, que me demostró afecto y me supo orientar.
Pero también a estas personas las sentí, en cierta forma, ajenas, NO incondicionales. Sentía internamente que les tenía que demostrar que “valía”. La sociedad está armada desde un lugar siniestro, el lugar del “no valés nada” (todos valen “nada” hasta que se demuestre lo contrario). Y ahí es donde tenés que salir "a demostrar", con todas tus inseguridades a cuestas. Mis propios padres funcionaron así… hasta que pude demostrar “en el mundo real” (porque incluso no les resultó suficiente mis excepcionales calificaciones y capacidad de liderazgo en el “mundo virtual” de la infancia/adolescencia que transcurre en la escuela, en el club, en el barrio). Salí al “mundo real” siendo un niño… a luchar con gigantes… a los que se les había valorado “el mejor promedio y ser abanderado” (en mi casa valió prácticamente NADA), a los que se les había valorado que sean “campeones", capitanes”, “líderes naturales”, “inquietos”, “empujadores”, “vanguardistas” (en mi casa eso era casi MOLESTO, era solo un REVOLTOSO). Creo que mis padres no entendieron cómo se ayuda a crecer a un niño; y, entonces, NO CRECÍ!!
En el fondo, seguí siendo un niño muchísimo tiempo. Sin madurez emocional, sin bases sólidas, salí a jugar el partido de los “maduros”, conseguí un trabajo y me puse en pareja, conviví con esa pareja, fui padre, me casé, me separé, me divorcié, me fui a vivir solo, me compré un auto, etc. REFUERZA EL MENSAJE DE FOREST GUMP!!! Se pueden hacer grandes cosas siendo un niño!! 
Recién de grande, cuando empecé “a demostrar”, comencé a tomar confianza por mí mismo, a mejorar mi auto-estima y a crecer... es de esas cosas que no tienen fecha sino que van ocurriendo a medida que transcurren. Preguntar “cuándo fue” sería un error porque no hubo un antes y un después, un límite; la pregunta es “cómo fue ocurriendo”: con la publicación de la tesis de grado, con el diploma de honor del posgrado, con la gerencia en Clarín, con el departamento en Belgrano... suena estúpido pero el mundo funciona así... y mis padres no fueron la excepción, su mirada positiva y su voto de confianza se depositó lenta y precavidamente en mí a medida que fueron ocurriendo estas cosas (no sea que cada logro fuese mera casualidad!!)... y lo valoro. Más vale tarde que nunca, y es bueno dejar la cuenta saldada con los viejos!!
La cuestión es que así descubro que todo esto es lo que hace que hoy me siga emocionando con quienes me ayudan a crecer como NO supieron ayudarme mis padres cuando era un niño. Que no fueron los logros (hechos) los que me dieron seguridad, sino las personas: algunos maestros, algunos asesores, algunos familiares, algunos jefes, algunos compañeros de estudio, algunos colaboradores, algunos conocidos, algunos pares en algunos trabajos, algunos... Entonces necesito agradecer a todos ellos que ahora, de grande, me dan la confianza que NO RECIBÍ de chico y que, inevitablemente, siento y sentiré AMIGOS.
Y hoy, UN MAIL DE UNO de ellos me hace tomar consciencia: CRECÍ! MADURÉ! Me descubro más seguro y, como tal, sin temores por ser generoso. La gente se sorprende por mi generosidad. Yo me sorprendo de que no usen plenamente su capacidad de dar. El mundo sería un mejor lugar para todos si todos diéramos el máximo de lo que tenemos para dar. You may say I’m a dreamer…

No hay comentarios:

Publicar un comentario