sábado, 18 de junio de 2011

La responsabilidad a la altura de los talentos

Al pensar en las cosas lindas que nos han tocado en suerte (partiendo de lo más elemental como, por ejemplo, estar sanos) me pregunto si mi gratitud es suficiente y cómo debería agradecer...
Esperando en la caja del supermercado, delante mío, se encuentra una señora con algunas dificultades motrices. Sale delante mío y empiezo a pasar mis cosas por la caja. Embolsan, pago y salgo del super. A los pocos metros (muy pocos) alcanzo a la señora. Cuando paso por su lado, pienso en el esfuerzo que representaría para mí hacer las compras en esa condición. Lo pienso sin lástima. Solamente cuestiono mi fortaleza, talvez de puro egoísta (como persona que no logra pensar más que en sí mismo), no pienso demasiado en la señora. Solo en mí...
Una amiga decía que Dios le da a cada uno la cruz que puede llevar. Recordar esa frase y pensar en el confort en que vivo, me hace pensar en lo debilucho que me ve Dios...
Siempre creí (aún lo creo) que la mejor forma de agradecer es actuando responsablemente de acuerdo a la situación en que nos encontramos. La parábola de los talentos es la vara que uso para medirme. No la recuerdo perfectamente (y no la quiero googlear ahora) pero cuenta la historia de un señor que le dió 1 talento (moneda de aquella época) a uno de sus siervos, 2 a otro y 3 a otro. Se fue de viaje y al regresar le pidió una rendición de cuentas a cada uno. Uno los había gastado, otro los había enterrado y el otro los había multiplicado. Recuerdo mi sorpresa al ver que el señor se enojaba con quien le estaba devolviendo los mismos talentos que había recibido (aquel que los había enterrado). Era obvio que se enojaría con quien los mal gastó (siempre suponiendo que los MALgastó irresponsablemente) y que se pondría contento con el que los hizo crecer pero también el que devolvía lo recibido era reprendido como un irresponsable!!
Esta parábola me hace pensar que multiplicar los talentos que hemos recibido es la mejor forma de agradecer. Hacer lo necesario para que crezcan en vez de usarlos egoístamente o simplemente guardarlos (enterrarlos) es la única opción válida.
Nunca sé si estoy haciendo lo suficiente... cómo saberlo? Si tampoco puedo diferenciar entre el talento que me fue dado y el que yo mismo he generado... Nací generoso o me hice a partir de la experiencia? Cómo saberlo... No parece haber respuesta cierta en esta vida... No queda otra que dar lo máximo de nosotros mismos para poder tener mejores alternativas al momento de la rendición de cuentas (si es que ese momento existe...).
Recuerdo un viejo amigo judío que me decía: "en tu religión Dios es misericordioso, vos te arrepentís y te perdona, en la mía NO lo sé". Y esto complica más mi situación... Existe la rendición de cuentas? Quién vendrá a pedirla? El misericordioso de la religión católica? Más y más dudas...
Pero a pesar de todo, no cambia mi creencia... dar lo máximo de nosotros mismos es la mejor forma de agradecer los talentos recibidos. O, en otras palabras: nuestra responsabilidad está a la altura de nuestros talentos, y eso implica: no mirar para otro lado, no hacer menos de lo que sabemos que podemos y, en definitiva, no defraudarnos a nosotros mismos.

martes, 14 de junio de 2011

Sobre el éxito y el fracaso

Ojalá el éxito no sea binario y tenga matices. Me ayudaría a superar la adicción al perfeccionismo que sufro desde que tengo memoria. Después de todo, si es verdad que "todo es para bien", el fracaso no existe como tal. Mi experiencia lo respalda: tengo varias malas experiencias que me han brindado excelentes aprendizajes.
Si la perfección es un ideal que no existe en la realidad, el fracaso también es una idea que solo sirve como concepto. Perdón por la reiteración, pero a alguien como yo -que padece la enfermedad del perfeccionismo- saber que el fracaso no existe es liberador.
Pero si no existe el fracaso, tampoco existe el éxito. Y aquí, aunque no sea un terreno que prefiera, entramos en el campo de las creencias personales y de las decisiones individuales. ¿Es el éxito una cuestión de actitud, como dice Fito?
"Reirse del fracaso y del oro... No tener nada o tenerlo todo"
No recuerdo haber tenido una vida simple y llana. Nada ha sido negro o blanco, ha llegado al gris oscuro intenso y a un crudo muy claro. Incluso solo en contadas ocasiones estuvo en esos extremos... La mayor parte del tiempo ha fluctuado en la paleta de los grises, de un lado al otro, como riéndose de mí cada vez que algo iba tan derecho y firme que me sentía predestinado a "ser" algo... Esta característica "permanente" de mi vida me ha hecho concluir que no hay "molde" para mí, no hay "modelo" que me represente. Quienes me conocen posiblemente compartan... he sido un adolescente rabiosamente rebelde e indisciplinado, pero terriblemente cumplidor y aplicado. Violento de buen corazón. Anti-sistema antes, ejecutivo después, aprendiz de empresario ahora. Prolijamente desprolijo dice mi psicóloga. Inocentemente desconfiado y mal pensado. Artísticamente matemático y economista sentimental. Frente a una sociedad que encasilla, soy un bicho raro o una figurita difícil (dependiendo del observador).
José Ingeniero hablaba del "hombre mediocre" como aquel que "no tiene voz, sino eco". Talvez mi lucha contra los moldes tenga un sentido. Ojalá mi voz se escuche, llegue.
Si llega a algunos será un éxito o si no llega a todos será un fracaso? Creo que esta pregunta expone lo intrascendente de pensar en términos de éxito o fracaso. Si lo importante es lo que se dice y no a cuántos les llega el mensaje!! Si lo importante es dejar un mundo mejor que el que recibimos y no vivir para morir con el ego más lindo y más grande.

jueves, 26 de mayo de 2011

KISS!! (Keep It Simple, Stupid!)


Quiero sentirme LIBRE! Siempre! Pero, aunque cueste aceptarlo, me veo más influenciado por el contexto de lo que me gustaría.
Con el tiempo he aprendido (aceptado, muy a mi pesar) que es más fácil NO ir contra la corriente. Recuerdo haber hecho grandes esfuerzos para que me miren de tal o cual forma (para que a esa chica le guste o para que ese señor me contrate...) y hasta me siento satisfecho y considero un logro recibir cierto tipo de mirada.
Finalmente llegué acá (donde tanto quise!) pero el cambio está en mi espíritu. No puedo quedarme, aunque todos quieran. No puedo. Aunque mañana me pierda en el camino, aunque termine extrañando el confort de este lugar -me acuerdo de BIG FISH-.
Empiezo a entenderlo. No puedo quedarme acá porque hay mucho más allá. Y el allá, es un allá hacia afuera y hacia adentro. O sea, también es decir: no puedo seguir siendo quien soy, porque hay más de mí por desarrollar.
Tampoco puedo seguir el mismo camino que me trajo hasta aquí porque va hacia un lugar que no es el mío (no es el que me hará feliz). Y aunque no conozco el nuevo camino, creo que ni el calzado que me trajo hasta aquí servirá.
Prácticamente lo siento como un volver a empezar. Un volver a empezar sutil porque mantendrá ciertas saludables estabilidades obtenidas. Un volver a empezar que es, de alguna forma, estar solo nuevamente. Porque no puedo explicar lo que busco, porque no sé si existe (si debo encontrarlo o si debo crearlo). Y porque solo yo sé que puedo lograrlo. Agradeceré la confianza que me brinden pero créanme que no me quita incertidumbre.
Dejar un lugar lindo y cómodo para hacerme otro mejor. Keep It Simple, Stupid! dice mi mente ("No te compliques!!"). La experiencia me ayudará a hacerle caso, pero sería defraudarme si no cambio... porque definitivamente así como parte de lo que era me impedía ser quien soy, debo abandonar parte de lo que soy para desarrollar a quien seré. Es bien sabido que "el borde de la locura es hacer las mismas cosas y esperar resultados diferentes".


viernes, 8 de abril de 2011

El libro que NO fue: Vacaciones con Newton


INTRODUCCION:

De un tiempo a esta parte, las biografías han resultado una inquietud importante para mí. Si realmente la humanidad aprende a partir de su errático actuar, si “equivocarse y corregir el rumbo” es un camino válido de crecimiento, si nuestra propia vida es demasiado corta para lograr un nivel digno de sabiduría, entonces aprender de la experiencia ajena resulta ser un acto reflejo inteligente y del más puro sentido común. ¿Por qué privarnos de hacerlo de la vida de grandes “protagonistas de la historia” humana?

Con este pensamiento en mente anduve largo tiempo en mi vida, hasta chocar con la primera biografía que compré sin dudar (obviamente por la talla de su protagonista): “Isaac Newton: una vida” por Richard S. Westfall. Y sobre esta biografía, parte integrante de la Biblioteca ABC sobre “Protagonistas de la historia” (premiada en 1983 con el Pfizer otorgado por la Sociedad de Historia y Ciencia), es que rescato los fragmentos que comento en estas líneas.

Isaac Newton nació en la Navidad de 1942. Su papá murió antes de que él naciera y su mamá, que volvió a casarse 3 años después, lo dejó en la casa de sus abuelos tras marcharse con su nuevo marido. Si bien la familia contaba con una fortuna pequeña pero superior a la media, su mamá no le permitiría gozar prácticamente de ninguno de los privilegios que la misma podía brindarle.

Conozco personas que nunca hubiese podido superar esta situación y otras a las que estos primeros años de vida le hubiesen resultado una excelente explicación de los fracasos sufridos. Encontré una sola referencia en el libro acerca de cómo esta situación desventajosa influyó sobre la vida de Newton (al perseguir falsificadores como Director de la Casa de la Moneda -cuando tenía 54 años-, se lo señala expresando “su agresividad reprimida” como una forma de “vengarse indirectamente de su padrastro”). Creo que resulta anecdótico, principalmente teniendo en cuenta la edad de Newton pero también porque creo que las grandes personas NO se detienen a lamentarse por lo que les falta (ó por lo que “no fue”), simplemente avanzan con lo que tienen en pos de lo que desean. Veremos, más adelante, ejemplos de cómo la pasión que enciende ese deseo suele ser el elemento mágico que extermina toda carencia.

Lo cierto es que resulta agotador ir en busca de algo partiendo de lo que no tenemos. Acaso podemos permitirnos iniciar el camino hacia ese logro que deseamos con ansias pensando en lo que nos falta? Es cierto que podemos ir “en busca” de algo a partir de una carencia que sufrimos y de la que queremos “escapar”, así como podemos convertir en “virtud” un “defecto”, pero siempre buscando en nuestra caja de herramientas y eligiendo qué herramienta de la que tenemos usaremos (no pudiendo elegir entre las que no están). Podemos construir una “virtud” que NO tenemos a partir de una o más virtudes que SÍ tenemos, pero no creo que (aún cuando la suerte medie) podamos construir CON lo que nos falta, CON lo que no está ó CON lo que está ausente.




DESENLACE:

El idealismo con el que inicié mis reflexiones sobre Newton chocó sin aviso (ni airbags) contra la realidad del hombre que hay detrás de todo protagonista. Los honores, las lores, los elogios por sus genialidades encandilan e ilusionan pero adentrarse en la vida de un hombre es, en definitiva, mirar detrás de esos velos de grandeza. Supongo que cualquier biografía solamente es exitosa si nos muestra eso… al hombre, con sus más excelsas virtudes pero también sus miserias y debilidades (y la biografía que leí está a la altura).

La privilegiada mente científica de Newton no logró ser la excepción y, al leer su biografía, lo que inspira admiración se alterna con la sombría sorpresa de un ser que estuvo varios pasos más allá del mejor de los mortales pero no pudo superar rencores, obstinaciones ni intolerancias.

Obviamente no conocí a Newton, pero conocí a varias personalidades fuertes y brillantes, tenaces e incansables a la hora de conseguir lo que se proponían. Compartían este aspecto de intolerancia. Parece venir acompañado de la obsesión por superarse y la enorme frustración que representa para ellos un fracaso. En el mejor de los casos, el rencor puede moderarse pero jamás llegará a un perdón que requiera “borrón y cuenta nueva”. Son personas que (como Newton) entienden el logro solo a través del esfuerzo (“pensando en ellos constantemente”) y no admiten que otros recorran otro camino.

Newton no pudo manejar su espíritu voraz ni su impronta de genio tenaz. Su biografía señala, por ejemplo: “aún en el caso de que pudiera probarse sin sombra de duda que Newton fue el mayor proxeneta de Londres, la enormidad de su influencia sobre la moderna intelectualidad permanecería inalterada. A mi entender al menos, el reconocimiento de su complejidad como hombre ayuda a comprender el precio que su genio imponía. Me resulta difícil conciliar los Principia con un santo de escayola.”

O, por ejemplo, al leer lo que Newton hizo con Flamsteed (a quien responsabiliza “por el fracaso de su teoría lunar”) no es, al menos, propio de una persona a quien imaginamos genial. Para una mejor idea de este conflicto, vale esta descripción de los efectos colaterales: “Newton presionó con éxito en su intento de privar al mundo, sin ninguna necesidad, de las observaciones y del catálogo correspondiente, que permanecieron inéditos por espacio de otros veinte años.” Y para redondear la idea: “La publicación de la Historia coelestis fue el episodio más desagradable de la vida de Newton. Tuvo gran importancia tanto por la luz que arroja sobre su carácter como por lo que revela de sus relaciones con la comunidad científica británica. En cuanto a Newton, la impaciencia frente a la contradicción, que ya se había manifestado en su juventud, en su presteza a desechar las precauciones y sus ganas de desafiar a las autoridades del momento… en su vejez se habían vuelto una tiránica voluntad de dominar a quien fuese, un molesto rasgo de su personalidad que no podemos ignorar.”

A estos fragmentos de su biografía podríamos agregar la ambición de emperador que pretendió darle a la Royal Society durante su presidencia (ordenes: “1. Que nadie tomara asiento en la mesa excepto el presidente en la cabecera y los dos secretarios, una a cada lado del extremo opuesto… 3. Que ninguna persona hablara con otra u otras durante las sesiones plenarias… y que deberá dirigirse antes al presidente… En algún momento Newton también introdujo la práctica de que el mazo fuese colocado en la mesa solo cuando el presidente estuviera presente…”

Y solo comentemos sus coléricos embates contra Leibniz por el cálculo diferencial, cuando “fueron de hecho un reproche contra su propia actuación de años antes, cuando había preferido guardar bajo llave semejante joya [los cálculos por los que acusaba a Leibniz de plagio, ya que él los había inventado 10 años antes]”. “Leibniz se quedó boquiabierto, asombrado, al descubrir que el autor de los Principia y de la Optica era un toro salvaje, cuyo único recurso era bajar la cabeza y cargar contra el que se le pusiera por delante…”

Al igual que Liebniz, quedo boquiabierto al descubrir el hombre detrás del científico genio. Las pasiones suelen despertarse ampliadas (exacerbadas) en estos geniales temperamentos. Algunos de nosotros, los “tibios” (como diría algún conocido mío), nos hemos visto obligados por la vida más de una vez a no ser tan temperamentales a fin de no perder algo o simplemente por nuestra tendencia a evitar el conflicto.

En otro orden de cosas: “en público, Newton prefirió disimular su heterodoxia [religiosa]. Consintió en ser nombrado coadministrador del Golden Square Tabernacle, una capilla fundada por el arzobispo Tenison…” así como su relación con Fatio (filósofo con el que mantuvo “el principal foco de atención durante cuatro años”) y sus estudios en alquimia.

No logro evitar mi “idealismo” y me saco el sombrero (me pongo de pié y aplaudo) frente a estos hombres que, además de inteligentes, han demostrado ser primordialmente prácticos. Moviéndose de manera intransigente frente a ciertas situaciones (al punto de aniquilar sin piedad a quien consideren su adversario, con o sin fundamentos para considerarlos adversarios e independientemente de si resulte justo o injusto aniquilarlos), siendo maleables en algunas otras (evitando el ‘sincericidio’ de motrarse tal cual son en su vida íntima) y destacando en la memoria colectiva por sus enormes e incuestionables aportes. Sé que en los años 1640-1730 no existían los asesores de imagen pero sin duda ha habido muy buenos precursores…

Newton, un hombre sobre el que empecé queriendo hacer relato exaltador y termino (al menos por ahora) congelado por su faceta más humana. Y aún cuando coincido en que su mente “dio a la humanidad más que ninguna otra hasta la fecha” y es innegable que fue “responsable del más extraordinario, si no el más trascendental, descubrimiento de cuantos jamás se habían hecho en torno al funcionamiento de la naturaleza”, no puedo dejar de mirarlo como hombre. Creo que es porque mirando al hombre salgo del idealismo y veo pasiones similares a las de muchos que conozco personalmente, incluyéndome…

lunes, 28 de marzo de 2011

Frase de abuelos: hacer el bien sin mirar a quién...

Aquél monólogo de Tato Bores "¿Quien tiene la culpa?", que finalizaba diciendo "El Otro siempre tiene la culpa!... flor de guacho que resultó ser el Otro...", siempre me recuerda NO responsabilizar al otro por lo que yo no hice (o no hago) y tratar de PARTICIPAR.

Nunca tuve dudas de esta activa actitud mía frente a la vida pero, contrariamente a lo que me hubiese gustado, llevaba demasiados años de quietud sintiendo que no hacía nada para mejorar el mundo. Confieso que “algo” había hecho, pero habían sido mayoría las veces que terminé advirtiéndome: "Cuidado con quedarte en buenas intenciones!! Dicen que el camino al infierno está sembrado de ellas.".

En perspectiva, entiendo claramente que el principal motivo de tantos años de casi-inacción fue hacer honor a la “bien entendida caridad” que, según dicen, “empieza por casa”. Viejo dicho que, de puro filósofo autodidacta, elevé a nivel de principio no recuerdo cuándo, obligándome a enfocar el poco tiempo disponible en mi círculo más íntimo de personas (y no dudo que me hubiese sentido hipócrita al obrar generosamente con el prójimo “desconocido” sin hacerlo con el prójimo “familiar ó amigo”).

Durante todos los años que me mantuve fiel a este dicho ó principio era inimaginable que la vida me hiciera pasar por la sucesión de desafortunadas experiencias que viví el año pasado. Experiencias que, entre otras cosas, me ayudaron a revalorizar los vínculos afectivos más cercanos y a lograr un nivel de “caridad” hacia los míos inédito en mi vida.

No creo que sea para agradecer, pero algo muy importante cambió en mí en aquel tiempo. Y, dado que el entorno social de nuestro querido país no mejoraba y había pagado mi deuda personal de dar afecto a quien primero debía recibirlo, me sentí en condiciones de tirarme a la pileta de la ayuda social. Sin hacer olas porque, coincidiendo con el Cortazar de Rayuela: “ser actor significa… renunciar a la platea, y…. [yo prefiero] ser espectador en fila uno. Lo malo, se decía…, es que además pretendo ser un espectador activo y ahí empieza la cosa”.

Lo que nunca imaginé es que atender a las necesidades de un prójimo “recién conocido (ex desconocido)” y ayudarlo, además de generar una enorme e inexplicable satisfacción personal, redunda también en mayor atención y ayuda hacia los familiares y amigos (obvio, “si soy atento con aquellos, cómo no lo voy a ser con estos???”). Pareciera que se cumple el principio del Derecho “quien puede lo más puede lo menos” y, por ende, haber esperado a cumplir con los afectos más cercanos para luego ampliar el radio de acción a los más lejanos no solamente fue un error. ¿Error? Definitivamente. ¿Por qué? Porque me hizo perder tiempo de ayuda y afecto hacia todos… los de toda la vida y los recién conocidos.

Para concluir entonces (mis queridos chichipios, perdón TATO!!), como ser inteligente representa (en buena parte) aprender de la experiencia ajena y no solo de la propia… espero que este error mío sirva para que también otros se movilicen rápido en ayuda de sus seres queridos (que a algunos ya los conozcan, les aseguro, es anecdótico…).

sábado, 1 de enero de 2011

Una mañana distinta

Casi siempre estoy corriendo y llego algunos minutos tardes a todos lados, pero esta vez estoy acá antes de tiempo. Esto me sorprende y, como no soporto sentir que pierdo tiempo, empiezo a pensar qué hacer. Las últimas veces había preferido disfrutar de no hacer nada (no llamar a nadie, ni leer nada, ni escribir, ni siquiera pensar) como una forma de recompensarme por llegar en hora. Además, me ayuda a tomar conciencia de dónde estoy ("estar presente en el ahora" dicen los libros que estoy leyendo). Entonces, simplemente, me siento, levanto la mirada al cielo (detrás de los lentes) y disfruto del febo que iluminaba y calienta mi cuerpo. Es la mejor decisión. El lugar lo amerita.
Es temprano y yo llegué más temprano. Por un segundo, me siento privilegiado, feliz... no es habitual en mí, asique aprovecho y me observo.
Percibo un contacto con la naturaleza mayor al habitual y, en el medio de tamaña ciudad, aumenta mi satisfacción. Los caballos caminan, tranquilos, casi sin darse cuenta que los montan. Me dedico a observar el lugar... tiene el estilo rústico que suelen tener las casas de campo en Argentina, donde van a parar muchas cosas que dejan de usarse en la casa de residencia principal. Me recuerda los fines de semana de mi infancia... solo momentos de diversión y mucha alegría. Aquí, hoy, aunque todavía no soy un habitué, me siento a gusto. Desde el primer día había decidido saludar a todo el que cruzara, sin detenerlo -por supuesto-, pero usando la buena costumbre de los lugares chicos, casi íntimos, en los que todos se conocen. Eso me hace sentir un poco más en mi propia casa. Miro, observo... saludo pero trato de pasar totalmente inadvertido.
Si no fuese por el movimiento de los caballos diría que el tiempo se detuvo. Salvo la gente que trabaja, la mayoría son mujeres. Es obvio, mitad de semana, horario laboral... tanto privilegio empieza a incomodarme... lo pienso un poco y recuerdo que me he ganado este momento, lo merezco.
Xavier aparece en escena. Me recuerda que estoy aquí por algo. Su sonrisa es genial, auténtica, sincera, propia de quien ama y tiene pasión por lo que hace. Flaco, alto, chomba y gorra propias de la actividad pero a tono con lo agreste del lugar. Sus polainas son el distintivo que lo identifica, de cuero, con flecos, le llegan a la cintura. Viene directo a mí. Me saluda con un fuerte apretón de manos y me invita a pasar a la caballeriza. Caminamos hacia allá entre caballos y petizeros, entre intensos olores a alfalfa y bosta. Cuando llegamos, nuestro amigo Hugo, petizero hasta los dientes, nos saluda mientras termina de preparar a Martinika. Martinika es una yegua tordilla "de escuela" con fama de buenaza. La miro, me acerco, la acaricio y le doy suaves golpes de palma mientras pienso "espero que tengas un buen día".

sábado, 5 de junio de 2010

La ecuación de la vida...

En matemáticas, un sistema de ecuaciones es un conjunto de dos o más ecuaciones con varias incógnitas (o variables).
Creanme en esto: aplicando ciertos métodos de resolución, del siguiente sistema de ecuaciones...
X1 + 4 X2 + X3 = 7
X1 + 6 X2 - X3 = 13
2 X1 - X2 + 2 X3 = 5
podemos llegar a obtener los resultados ciertos: X1 es 5; X2 es 1 y X3 es 5 (si reemplazan los valores de X1; X2 y X3 en cada ecuación se comprueban las igualdades).
Este sistema de ecuaciones tiene solución y es relativamente sencillo. Lo que más me sorprendió cuando me enseñaron esto es que dependiendo del número de variables y de ecuaciones (línealmente independientes, pero eso no importa para lo que quiero decir aquí) que tenga el sistema, es posible obtener una única, ó ninguna ó infinitas soluciones.
Entonces pensé: "me están dando una forma matemática de expresar la vida". La vida, evidentemente, podría expresarse en un sistema de ecuaciones (también llamado matriz) ciertamente muy complejo con ¿una única solución?, ¿ninguna solución? ó ¿infinitas soluciones?
Que gran sistema de ecuaciones es la vida... muchas ecuaciones con muchas variables, incógnitas (ó ingredientes), como prefieras llamarlo.
Pienso en mis ecuaciones como proyectos ... estudiar y educarnos, trabajar y darle algo al mundo, formar una pareja y después una familia, practicar un deporte, aprender un arte, viajar...
Qué variables lleva cada ecuación? Humor, alegría, voluntad, humildad, vocación, pasión, amor, comprensión, inteligencia, criterio, emocionalidad y demás (e infinitas) energías, motivaciones y capacidades...

Al verlo así, recuerdo que pensé entonces, las variables de mi vida son y serán siempre muchas más que las ecuaciones y por lo tanto... (volví al libro y leí) "EL SISTEMA ES COMPATIBLE E INDETERMINADO, ES DECIR: TIENE INFINITA SOLUCIONES".

Reducir la vida a una serie de cuentas matemáticas es una brutalidad, lo sé, pero es vicio de un contador recurrir al recurso matemático. Con ALGEBRA comprobé matemáticamente que mí vida tiene infinitas soluciones posibles.

Cuando siento que la vida me lleva por un camino "predestinado" o algo me hace pensar que cada uno tiene un destino predefinido, vuelvo a mi matriz de algebra. Cuando tengo un mal día, o varios (como tuve esta semana) recuerdo que nada es para siempre y siempre hay infinitas soluciones posibles. Cada uno con su mambo... este es el mío.